lunes, 30 de septiembre de 2013

Capítulo noveno.

René se despertó solo. Sus sábanas, dibujaban un laberinto de pequeños pliegues sobre su cama. Su pelo estaba desordenado y mechones castaños le caían rozando sus ojos pardos, que aún estaban dormidos.
Él acarició suavemente su pecho, como si notara que le faltara algo y respiraba costosamente.
Silence... fue lo único que dijo en un susurro.

***

– ¡¿HAS DORMIDO CON ÉL?! –gritó Francine en la habitación de ambas.
–Shhhh! Quieres hacer el favor de no gritar. Vas a hacer que se enteren todos, si es que no lo saben ya... Silence aún no se había puesto el uniforme blanco y Fran estaba trenzando su pelo, ya vestida.
–Son las seis de la mañana –contestó su amiga–, dudo mucho que alguien esté enterado de tu pequeña aventura de anoche.
Silence le echó una mirada que bien podría matar a un regimiento. Francine solo podía soltar pequeñas risitas mientras sus pálidos y delgados dedos entrelazaban los mechones rubios de su pelo.
–Tenemos que ceñirnos al plan, y lo sabes. –dijo por fin Silence.
– ¿Plan? ¿Qué plan? –preguntó la chica, mientras ponía una cara difícil de explicar. Hasta que abrió los ojos y hizo castañear su lengua. – ¡Oh! Desde luego, el plan de salvar al mundo y todo eso. Por cierto ¿Cómo lo llevas? –indicó cruzando sus piernas.
–No es un tema gracioso Frankie. Ellos confían en mí... no puedo fallarles.
–Y... ¿tú confías en ellos? Vamos Lens, mira en lo que te han metido. No tienes por qué hacer todo esto. Eres una bruja, en cualquier momento podrías desaparecer, borrarte del mapa y estar tranquila, con tu madre. Las palabras de Francine eran sinceras. ¿Confiaba Silence en aquellas personas? ¿En Angelia? Una mujer que se preocupaba tanto por ella sin conocerla ¿En el Liceo... o René? Un remolino de ideas se mezcló en la mente de la joven.
–Confío en mí, en ti y en nuestras capacidades, y si cualquiera de ellas puede ayudarnos incluso las de René, da por hecho que continuaré con el plan. –dijo finalmente Silence.
Unos toques en la puerta callaron la conversación de las chicas. La puerta se abrió y Angelina apareció con su traje azul de época como ayer. Su pelo esta vez estaba recogido en un perfecto moño trenzado y apuntillado por delicadas horquillas.
–¡Silence! –gritó la mujer–, sigues sin estar vestida, vamos a llegar tarde otra vez. ¡Vamos!
A toda prisa, la joven se puso el uniforme blanco, abotonando perfectamente cada manga y la zona del cuello. Esta vez, dejó su pelo suelto.

***

Angelina y Carter, el tutor de René, los habían dejado solos en la habitación, al parecer una llamada importante. La habitación estaba llena de frascos rellenos de viscosa gelatina verde, azul, escarlata o morado, manteniendo vete a saber qué cosas ahí dentro. Silence estaba leyendo uno de los libros que Angelina le había puesto sobre su mesa de pino blanco y tallada a mano con relieves de una escena floral en sus cuatro patas. El libro era, el Libro de las Pielazul (Sí, solo para las mujeres Pielazul), pues ellas eran más poderosas que los brujos de su raza al tener sangre más pura.
–¿Quieres dejar de respirarme sobre la oreja? –dijo malhumorada la chica–, es molesto y realmente aterrador. Pereces un acosador del siglo XV, persiguiendo a sus víctimas por callejuelas sin salida y degollándolas finalmente.
–¿Qué clase de películas has visto? –Dijo René incorporándose y sentándose en la silla de al lado de la muchacha– creo que eres tú la acosadora. ¿Qué pasó anoche?
Esas palabras hicieron sobre saltar a la chica, que cerró de golpe el libro y lo miró.
–¿Qué pasó anoche de qué? –dijo haciéndose la loca Silence.
–Cuando me he despertado esta mañana, no estabas. –René sabía que aquello podía ser mal interpretado, pero realmente así lo pensó y esta vez, fue él el que se sonrojó.
Silence lo miraba con los ojos abiertos, y vio al chico ruborizarse.

–Y-yo, no quería decir eso, humm –tartamudeó tanto que Silence no pudo evitar reír. Haciendo enfadar a René que giró su cara. Silence no supo cómo, pero cariñosamente se la giro con un dedo, puso su mano sobre la de él y le miró.




viernes, 27 de septiembre de 2013

Nota de la Autora

Hola a todos y a todas, 

Bueno, como ya os habréis fijado, estoy subiendo una foto por cada capítulo que publico. Quería dejar claro una cosa en cuanto a esto:

-Primero: las fotos no representan a los personajes reales. ME EXPLICO.
 ^Solo nos ayudan a enfocar mejor cómo se vería el personaje, adecuado a su edad y esas cosas^
-Segundo: subiré más fotos, que sobre todo representarán el último momento narrado al final de cada capítulo.
-Tercero: en cuanto a personajes nuevos o mencionados:
  
 ^Sí, habrán nuevos personajes y los mencionados también tendrás su representación en fotografía, pero no la subiré en el capítulo sino en ''notas de la autora'' (que es esto mismo que estáis leyendo ahora)

Bueno, he estado buscando unas cuantas imágenes ( sobre todo de cómo me las imagino yo).


 este sería el uniforme que llevan las chicas en el Liceo

Este es el vestido Azul de Angelina, que llevará la mayoria de tiempo como uniforme.

Esta podría ser la imagen que tengo de Angelina.

 Este es Caleb, mencionado en la Historia de René


Esta es Sencele, mencionada en la Historia de René
 Y esta es la imagen que tengo de Francine.


Espero que os gusten. 
BESOOOOOOOOOOS!!!! XOXO

jueves, 26 de septiembre de 2013

Capítulo octavo.

¡Toc!-¡toc! Una voz en el interior de la habitación habló, dando permiso para entrar.
– ¿Puedo? –preguntó la niña
– ¿Quieres hacer el favor de pasar ya? –René estaba en la silla del escritorio. Solo llevaba su pantalón de pijama e iba descalzo. En su espalda se dibujaban perfectamente sus músculos, y su cabeza estaba gacha, mirando hacia algo en la mesa. – ¿O vas a estar ahí fuera todo el tiempo? Silence sin contestar, evitando así otra estúpida discusión, entró cerrando la puerta. Ella tambien iba con el pijama, pero esta vez llevaba un camisón blanco que Francine le había dejado; llevaba su pelo recogido en una coleta medio suelta, haciendo que varios mechones de pelo quedasen sobre su cara.
– ¿Qué haces? ¿Escribes un diario? –preguntó Silence graciosamente, y enseguida comenzó la broma. – Querido diario... –dijo ella poniendo una voz ridícula y tonta–, soy un cretino. Fin. Al terminar ella estalló en una abrumadora risa que no podía contener.
–Realmente me ha llegado –dijo burlonamente él, mientras colocaba la palma de su mano en su pecho– Enserio, dedícate a escribir... bueno no.
–Sabes que sería una gran competencia –le dijo ella guiñándole el ojo–; bueno, no tengo tiempo para tonterías.
– ¿Y yo sí? Silence lo calló haciendo un ademán con la mano.
–Los Buscadores. Tienes que decirme quienes son ¿recuerdas? –dijo ella.
–Como si fuese ayer. –contestó él
– ¡Ha sido hoy! ¿Por alguna extraña razón, alineación de planetas o coincidencias lunares, sabes al menos en qué maldito día vives?
– ¿Has pensado todo eso tú solita? –esta vez él le guiñó el ojo.
–Ahora hablo enserio René. Habla, por favor. El chico decidió apartar las bromas un momento y ponerse serio. René se levanto de la silla y con un ademán, le indicó a Silence que se sentara en la cama. Él hizo lo mismo, poniéndose a su lado, los dos apoyados en el cabecero.
–La historia es muy larga, así que intentaré resumirla. Silence no dijo nada por lo que el chico prosiguió. – Cuando las Brujas y los Brujos Golden Tongue, los primeros en el mundo aparecieron, crearon una especie de fortaleza hacia sus poderes; algo que les aseguraba que jamás se les serían arrebatados y pudiéndolos conservar para siempre. Sabes que somos inmortales, ¿no? –Silence asintió. En realidad, ella no tenía ni idea. Pensaba que eso de la inmortalidad existía solo en las mitologías, pero al parecer, todas esas historias que una vez creyó que eran simples cuentos, le había abofeteado en la cara, recibiendo el paquete completo. Era inmortal y poseía todos los poderes posibles. –Cuando los Golden Tongue decidieron compartir, solo una cuarta parte de su poder, crearon a las Rainbow  Witchs, solo eran mujeres, ellas eran las encargadas del control del tiempo, pero cuando una de ellas se rebeló, fueron castigas, pudiendo solo salir cuando aparecía el arcoíris. Y no siempre sale después de llover, eso ya lo sabes.
–Pero, ¿qué tiene que ver toda esa gente, que hay de los buscadores?
–Espera. El chico continuó. –Los Golden Tongue, guardaban algo. Era una cosa muy poderosa y que un día fue descubierto por una insensatez. Ellos guardaban el Cristal Azul. Era la piedra mágica que les hacía conservar sus poderes y rápidamente una asociación de no- brujos, creo que ya los conoces, los Cienojos, quisieron robar el Cristal. No solo querían su poder, sino que también tenían miedo de los Brujos. Ahí empezó nuestra guerra. Muertes innumerables, vidas destrozadas. Solo Sencele, una Rainbow Witch, nacida de una gota de agua, mezclada con el Sol sobrevivió junto con Caleb, un Brujo Golden Tongue, ambos tenían 5 años. Su raza fue mezclada y de ellos, sus hijos, salieron diferentes razas de brujos. Entre una de ellas, nosotros. Su última hija, llamada como su madre, fue la Guardiana del Cristal Azul durante cientos de años.
– ¿Qué pasó entonces?
–Los Cienojos habían robado el Cristal, quemaron a la gran mayoría de nosotros, en una misión a Bélgica. Con nuestros amigos, también murieron todas las demás razas. Ahora los Buscadores tienen la misión de encontrar el Cristal. Ellos no lo saben utilizar, y es por eso que lo han escondido.
–Es una historia muy triste.
–Nadie dijo que la vida fuese todo de luces y de color. La felicidad solo existe en los “...y vivieron felices y comieron perdices”, ¿no te parece? –preguntó él. Inconscientemente, Silence apoyó la cabeza en el hombro desnudo de René, habiendo sorprendido a éste.
–No siempre. Un final feliz no tiene porque ser bonito. Simplemente, tiene que ser del agrado de sus protagonistas. –dijo ella. René le soltó la coleta que se deslizó hábilmente por sus cabellos, y empezó a acariciárselos.


 Ninguno parecía haberse dado cuenta de lo que había pasado. Cuando despertó, Silence estaba mirando directamente el pecho de René. Levantándose poco a poco, apoyando sus manos en el torso de éste, que seguía dormido, se dio cuenta de que había dormido sobre él. Abrazados.

Sin hacer ruido ella salió de la habitación, cerrando la puerta  no sin antes echarle un último vistazo a la habitación, viendo como René dormía tranquilamente, aún con sus manos en su pecho, que subía y bajaba plácidamente. 


Capítulo Séptimo.

Cuando Silence reaccionó, echó la silla hacia atrás, haciendo que cayera al suelo golpeando el viejo suelo de madera desgastado y provocando un fuerte estruendo que retumbó por todo el salón, haciendo incluso tiritar las pequeñas lagrimas de cristal de las tres enormes lámparas que iluminaban la sala. Ni siquiera paró para colocar bien la silla, corrió por el pasillo y abrió como pudo la gran puerta.
Aquello era terriblemente grande y no sabía por dónde se había ido René. ¿Cómo había atravesado todos esos pasillos largos tan rápido? Obviamente, él llevaba en el Liceo más tiempo que ella y seguramente ya conocería a dónde llevaba cada pasillo. Cuando decidió dirigirse hacia la derecha, escucho el murmullo de personas hablar. Una de ellas, era una voz masculina que parecía estar dando explicaciones, mientras que las otras dos, se desquitaban con él. Las voces provenían de una puerta idéntica en forma a la del salón, pero de tamaño era unas cuantas pulgadas más pequeña; sin hacer ruido, Silence empujó levemente la puerta pudiendo escuchar más la conversación.
– ¿Sola? ¿La has dejado sola allí? –dijo la voz de la mujer.
–Tampoco es para tanto Angelina. ¿Angelina? Vaya, posiblemente esta era la habitación en la que el tutor de René la estaba esperando y posiblemente sea ella esa chica “sola” de la que Angelina estaba terriblemente preocupada.
–Deberías haberla traído contigo, no podemos perder mucho tiempo y ella lleva mucho retraso en cuanto a su formación. –esa era una voz masculina, unos tonos más graves que los de René. Era su tutor.
–Iré enseguida a buscarla. No hay ningún problema.
Silence al escuchar aquello se despegó rápidamente de la puerta y sin pensarlo dos veces, la empujó y entró, haciendo que los tres la miraran con cara de asombro.
– ¿Qué? tampoco es tan difícil. Soy una bruja... ¿no? Angelina sonrió y tambien lo hizo el tutor de René. El chico la miraba de arriba abajo y eso hacía que la joven se sintiese un poco incomoda.
–Bueno cielo, ya que estás aquí tan pronto, y no gracias al señorito Vien... –dijo echándole una mirada de soslayo a René–, debemos empezar con vuestro entrenamiento.

***
Después de estar toda la mañana hasta la hora de comer leyendo libros de brujería y pócimas increíblemente útiles para la vida de los no-brujos, Silence entró al comedor acompañada de Frankie a su lado, que llevaba en su bandeja la misma comida que ella.  Frankie se sentó en un lugar de la larga mesa en el que había dos huecos libres.
–Sé que estás cansada, pero te acostumbrarás. Además, tú tienes compañero de estudio. Aquí todos entrenamos solos y vosotros no. Por cierto... ¿quién es?
–Habitación trece. –contestó Silence.
– ¿Pero qué demonios estás diciendo, Lensie? ¿Quién es tu compañero?, no un número de habitación. –protestó Francine.
–Es el chico de la habitación trece, eso era lo que quería decir. Un tal René Vien... ¿Sabes quién es?
– ¡¿QUÉ!? –gritó Francine, haciendo caer las uvas de su bandeja y provocando que ella y Silence fueran el centro de atención. – ¡Chicos, podéis continuar con vuestra vidas, vamos, vamos! –inquirió Frankie dando palmaditas y haciendo que los demás volvieran a retomas “sus vidas” como había dicho Frankie.
–Lensie, René Vien es uno de los brujos más profesionales de todo el Liceo, por no decir del mundo.
– ¿A qué te refieres? Yo tengo sus mismos poderes, ¿no me hace eso a mí ser tambien la mejor?
–Te equivocas rotundamente, Lensie –dijo– ese chico lleva aquí mucho tiempo. Dicen que su poder más destacado es la telequinesis, ¿lo sabías?
–Lo sabía pero... Silence no pudo acabar la frase. Alguien se había sentado en frente de ellas dos. Al otro lado de la mesa, René las miraba con una cara divertida. Silence y el chico no había tenido tiempo para hablar sobre la reunión de esta mañana con esos dos señores. En verdad sí, pero René había metido la pata con aquel comentario y el tema desapareció.
– ¿Quieres algo? –preguntó Silence.
–Solo me he sentado en el único espacio libre de todo el comedor. Mira, está lleno hasta la bandera. Frankie soltó una pequeña risitas entre dientes.
–Aún no tengo claro el asunto de esta mañana. –dijo Silence.
–Tranquila, como ya te dije, yo si sé encender la cocina de gas –bromeó el chico.
–No tiene gracia, René. ¿Quiénes eran esas personas?
–Alto, alto, alto... ¡STOP! –Interrumpió Francine– ¿Qué me he perdido, Lensie?
– ¿Lensie? –preguntó René medio riendo. Silence le hizo una mueca y le sacó la lengua infantilmente haciendo que René sonriera más.
–Esta mañana, unas personas...
–Buscadores, esas personas eran buscadores. –dijo René. – ¿Qué hacían buscadores aquí? –pregunto Fran. – Ya sabes lo que buscaban. No puedo hablar más del tema. Lo sabes.
– ¡No!–protestó Silence– yo no sé qué pasa, ¿vais a decirme algo, o voy a tener que obligaros a la fuerza para que me lo contéis?
–Por mí, bien –René levantó el dedo índice– ¡Una de fuerza por favor! –dijo casi gritando.
–Tsss, cállate. ¿Va a hablar? –preguntó Silence.
–No. La cara de Silence se ponía roja. –No ahora, tengo toda la tarde ocupada. Ven esta noche, te diré todo lo que quieras saber.
–Más te vale. –respondió fríamente Silence.

***

En la habitación, Silence le deshacía las trenzas doradas, casi blancas a Francine. Su pelo quedó ondulado, creando así la imagen de las olas en la mente de Silence. La niña rápidamente pensó en su hogar, en su madre y en el resto de su familia. Los había dejado allí, el peligro mientras ella estaba a miles de kilómetros de distancia, sana y salva resguardada por unos fuertes muros de piedra y encantamientos.
–Te gusta, ¿lo sabías? –dijo Fran, haciendo volver a Silence a la realidad– claro que lo sabías. Y él también lo sabe.
 – ¿Qué? Francine... apenas le conozco de dos días, cómo me va a...
– ¿Importa? A caso eso... ¿importa?
 –Frankie...–dijo en casi un susurro Silence–, solo estoy aquí para completar la misión. Mi madre quería que yo estuviera aquí para estar a salvo y no puedo distraerme.
–Mis padres también querían que yo estuviera a salvo, Lensie... La voz de la joven se apagó. Silence recordó la triste historia de los padres de Fran. Él, comido por las llamas en una misión perdida y ella medio quemada, aferrada a la vida para dejar bien claro que quería que su hija se quedara en el Liceo. Protegida. Al igual que Silence.

Silence la abrazó. Sus largos cabellos rubios y ondulados caían también por los brazos de Silence. Sus brazos, fuertemente cubriendo el cuerpo de su amiga. Amiga. Probablemente, Silence estaba resultando ser, la única amiga que Francine había tenido en años.




domingo, 22 de septiembre de 2013

Capítulo Sexto.

La mujer, que al parecer se había presentado como Gloria Astrid, les había indicado que se sentaran en la mesa principal que presidía todo el salón. René al lado de Silence y el hombre y la mujer en frente de ellos.
–Sabemos por los últimos archivos –empezó Dómenek, el señor de la banda blanca–, que nunca antes nos habíamos encontrado con algo así, jovencitos. –los muchachos se quedaron mirándose con cara de desconcierto. Ninguno sabía a qué se refería. –Tanto usted señorita Forbes –dijo señalando a Silence–, como usted señorito Vien –terminó con la mirada puesta en René–, poseen los mismos poderes, algo completamente nuevo en nuestra raza.
–Disculpe señor, pero yo sigo sin saber qué poder poseo. –dijo Silence con el dedo un poco levantado, como cuando la profesora pedía la respuesta en clase y ella tímidamente contestaba.
–Su poder, tanto como el de él –dijo Gloria–, son sumamente poderosos, pues ambos pueden controlar todos los poderes existentes, pueden crear los hechizos de cualquier libro de brujería, no importa de qué raza sea.
René controlaba los poderes psíquicos, como tener el control de la mente de cualquier persona. Había sido entrenado por su padre hasta los diez años y éste le enseñó a utilizarlos. Cuando cumplió once, fue llevado hasta el Liceo de Saint Claire donde entrenó solo sus poderes con ayuda de su tutor.
–¿Qué quiere usted que hagamos? –habló René. Silence le echó una mirada de soslayo. Él parecía asustado o realmente sorprendido, pensó Silence.
–Somos demasiado pocos, en comparación con los últimos años. Hemos bajado a tan solo 113 brujos Pielazul. Los Cienojos habían descubierto el paradero de la última portadora del gran gen y solo nos quedó el único remedio de traer a la señorita Forbes al Liceo, junto con usted –dijo–, necesitamos que entrenen lo máximo que puedan. Los encantadores están haciendo un hechizo de protección para el colegio y todos los alumnos y tutores están preparados para lo que pueda pasar, si los Cienojos deciden atacar. Ustedes dos –los miró, primero a ella y después a él–, son nuestra arma más segura, pero por lo que he visto al darles la noticia, ninguno era conocedor de sus extremas habilidades.
–Haremos lo que podamos señora Astrid –dijo René– entrenaremos lo máximo posible. ¿No es así Silence?– preguntó a la muchacha y ésta asintió con la cabeza. Silence no sabía ni de qué estaban hablando, pero por lo poco que había entendido, alguien quería matarlos y eso no era el plan que su madre le había preparado para ella, por eso haría lo necesario para ayudar.
–Lo último que necesitamos –habló el señor– es el Libro de las Hadas, aun no sabemos dónde está y es necesario para crear algunos hechizos que nos podrás ayudar con todo este desastre que nos espera. –Necesitamos –continuó–, que busquéis el Libro. No importa dónde, tenéis que utilizar vuestros poderes e intentar localizarlo –dijo mientras se ponía de pie. Gloria lo siguió.
–Contamos con ustedes. –dijo ella y ambos salieron del salón dejando a los jóvenes solos.
–Esto es una locura, ¿Cómo voy a poder controlar todos los poderes si apenas se encender la cocina de gas? –inquirió Silence preocupada. René dibujó una sonrisa mientras la miraba. –¿Te hace gracia? Tenemos que buscar un libro que ni siquiera sabemos dónde está. Podría estar en otro país, otro continente y a ti... ¿te hace gracia?–A Silence le costasba respirar. Había soltado todo el discurso del tirón, pero René seguía sonriendo.
–No te preocupes, estarás conmigo y yo sí sé encender la cocina de gas –bromeó el joven–, además, si tenemos que ir a buscarlo en otro país... ¿acaso importa? tendremos vacaciones ¿no? La cara de Silence iba poniéndose cada vez más roja.
–¿Vacaciones? ¡Quieren matarnos! Ahí fuera hay gente que quiere vernos muertos. Salir del país sería ponérselo en bandeja.
–Yo estaría delicioso rodeado de verduras a la plancha sobre una fuente de plata. –continuó bromeando René. Esta vez riendo
–Sí, y con una manzana en la boca –le siguió la broma– ¿Me quieres explicar qué vamos a hacer ahora? –dijo preocupada ella.

–Por ahora nada, solo intentaré no fijarme tanto en cómo te pones roja cada vez que hablo. –él quitó sus manos que descansaban en su cabeza, se levantó, le guiñó un ojo a Silence y se fue por la puerta. Dejando a Silence aún más roja de lo que estaba.



Capítulo Quinto.

Angelina, como nueva tutora de Silence, tuvo que  encargarse de despertarla y de entregarle su nuevo uniforme. Era como el de Francine, totalmente blanco (excepto los zapatos, que eran negros), la falda era del mismo corte que el de su compañera de habitación y la blusa le quedaba un poco grande. Silence tuvo que arreglarse el pelo como pudo; un leve recogido de su cabello por las mechas de delante, adornándolo con una cinta verde esmeralda detrás de su pelo. Eran las seis de la mañana y los rayos de sol ya penetraban en la habitación con bastante fuerza.
La niña se levantó medio dormida, debido a la pequeña excursión que tuvo anoche en donde conoció a un particular chico. Silence pensó que podría estar en sus clases, pero al momento recordó que no todos los brujos tienen el mismo don. Cada uno es diferente al de otro. Eso era lo que los hacía únicos.
–Ven, date prisa querida, ya nos están esperando –dijo Angelina con una voz muy serena,  mientras avanzaba por los largos pasillos en los que ella, esa noche, estuvo vagando. Angelina iba vestida como de época. Se notaba que bajo su vestido azul de cachemira, llevaba un corsé que le resaltaba aun más las líneas de su figura; un lazo del mismo color que el vestido, era de terciopelo y le adornaba la cabeza, enredándose con dos perfectas trenzas que se cruzaban y recubrían la zona baja de su cabeza. –Hoy te enseñaremos tu clase. Solo tendrás una, por supuesto –continuó la mujer–, y te presentaremos a tu único compañero. Sois los únicos brujos Pielazul que teneis los mismos poderes.
– ¿Qué poder tiene mi compañero? Quiero decir... yo aún no sé cuál es el mío. –dijo Silence– y además, pensé que ningún brujo tenía los mismos poderes...¿no?
–Eso tambien lo pensábamos nosotras querida –dijo la mujer sin mirarla–, pero al parecer no todo a resultado ser como esperábamos.
Silence no sabía a qué se refería Angelina con aquellas últimas palabras. Y desde luego, y principal, ella no le había contestado a su pregunta. Solo le quedaba esperar.
Tras unos cuantos pasillos helados más, llegaron por fin a la sala que buscaban. Para sorpresa de Silence, era el salón en el cual, ayer conoció a René. Al fondo de la sala había tres personas, una mujer y un hombre, vestidos con una túnica azul marina que se ataba a sus cuellos. La mujer tambien llevaba un vestido de época como Angelina, pero el de ella era de tres tonos más oscuros que el de su tutora. El hombre iba con una camisa del mismo color de la mujer y una especie de banda blanca le recorría desde su hombro izquierdo, perdiéndose en su cintura por la parte derecha, pantalones a conjunto y botas negras de caña mediana. El chico que estaba con ellos, su compañero, resultó ser René. Él iba con un uniforme blanco, parecido al que Silence llevaba, pero para chico. El cuello de su blusa se abría dejando ver su clavícula y las mangas las había echado hacia atrás, hasta el inicio de sus codos. Su pelo castaño estaba alborotado y parecía tener la misma cara de sueño que Silence, porque sus ojos verdes apenas se podían ver. El uniforme parecía destacar más en la piel del chico que en la suya, puesto que él tenía una piel medio bronceada.
–Por fin, ya pensábamos que la señorita Forbes había abandonado el Liceo clandestinamente. –soltó el hombre con una pequeña risita.
–Sentimos el retraso, la señorita Forbes tiene que adaptarse al horario nuevo de Toulouse. Llegamos ayer por la tarde, bien entrada la noche y apenas habrá descansado. –se disculpó Angelina con una leve inclinación de cabeza al terminar la frase.
Al oír eso, Silence y René se miraron. Él mostraba una leve sonrisa, recordando posiblemente el encuentro de esa noche, a lo que Silence solo pudo ponerse roja, notando sus mejillas arder.
–Angelina –habló por fin la mujer, que había estado callada todo el tiempo–, puedes retirarte, el tutor del señorito René la esperaba en la sala de Pruebas para hablar sobre el horario de práctica de los muchachos –sentenció.

Angelina asintió una última vez con la cabeza, giró hasta darle la espalda a todos ellos y abandonó el salón dejándolos solos a ellos cuatro.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Nota de la autora.

Como he empezado el nuevo curso, HOY, no podré continuar la novela a no ser que encuentre un hueco y pueda escribir varios capítulos, que subiré.

Tampoco voy a alargar mucho la novela; tendrá un máximo de 20 capítulos (o 25) si os gusta y lo pedís.

Sobre las razas de brujas que habrán o serán nombradas en la novela:


-Los Pielazul: son la última raza de brujas que hay en el mundo(por ahora). Pueden adivinar el futuro; tele-transportarse y crear pociones de todo tipo: amor, inteligencia, detector de mentiras...etc.
Además pueden saber como se siente la persona que está a su lado, pudiendo así crear un vínculo con ella y mejorar -si su estado es pésimo- su autoestima, o mantener -si su estado es bueno- su estado de animo alto.
Las mujeres tienen un poder más fuerte que los hombres, porque su sangre es más pura.

-Los Aguamarina: son una raza de brujas y brujos casi extinguida. Quedan 7 y son capaces de controlar los 4 elementos: Agua, Aire, Tierra y Fuego. Además de poseer telequinesis, lo que les permite controlar a las personas y a los objetos que ellos quieran.. Está raza está escondida en la ciudad, quedando así 5 brujas Aguamarina y 2 brujos Aguamarina.

-Rainbow's Witchs: Son nombrados por Angelina para explicar la creación de la raza de los Pielazul.
Estas brujas (solo femeninas), aparecían después de llover, a la salida del Arcoíris, que era cuando podían utilizar su magia, tanto para crear pociones, como para bajar a la Tierra.

-Tongue Golden: Primera raza de brujas y brujos en todo el mundo. Son nombrados en el Libro de las Hadas, encontrado por Silence en las catacumbas de debajo del Arco de Triunfo (París).
Ellos son los primeros en ser creados, cuando se unieron un Hada y un Humano, bajo la Constelación de Casiopea. Fueron dotados de una gran sabiduría y derrotados a principios del siglo XIX.



-Bueno, esto es un poco de información más de la novela. Como habréis leído doy algunas pistas de lo que pasará en los próximos capítulos.

Muchas Gracias por leer :D



jueves, 12 de septiembre de 2013

Capítulo cuarto.

Silence estaba acostada sobre su espalda en su nueva cama, al lado de la ventana. Hoy no hacía mucho frío por lo que no estaba tapada y solo le abrigaba un pijama rosa de Hello Kitty, que su madre le compró el año pasado. Su cabeza no dejaba de dar vueltas por la conversación de esa tarde con Frankie (Silence había decidido tomar la misma confianza que su compañera).
Había unos tipos raros que se hacían llamar los Cienojos, que iban a por ella y a por los de su... ¿raza? Ag., Silence aun no podía acostumbrarse a pensar en que ella era diferente, y que posiblemente tenía poderes. ¿Poderes? Nunca habría pensado eso. Como no podía dormir, se puso las zapatillas de fieltro blanco y salió de la lúgubre habitación.
Por los largos pasillos, sus pisadas quedaban calladas a medida que avanzaba. Giró a la izquierda, luego todo recto; bajó unas escaleras inclinadas notoriamente y volvió a girar a la izquierda. ¡Aquello era enorme! Pensó Silence. Cuando llegó a lo que posiblemente sería el salón, en donde todos comían en conjunto, vio un candelabro encendido sobre la mesa. ¿Habría alguien allí?
– ¿Hola? –preguntó Silence en voz baja, pero que se podía escuchar perfectamente, ya que su voz retumbó por todo el gran salón.
–Shhh –indicó una voz– vas a despertar a los espíritus. –dijo una voz masculina.
Silence avanzó hasta la luz que emitían las velas del candelabro. Un chico, sentado con sus piernas cruzadas  apoyándose en la pata de madera de la mesa, que cubría casi medio salón, tenía un libro en su mano. Pero no era una novela, seguramente un libro de brujería, pues solo se podía preciar dibujos y encantamientos.
–No creo en los fantasmas, hasta un niño de 6 años sabría que no existen. –dijo Silence cuando llegó. El chico era moreno y su piel estaba ¿bronceada?, allí todas las personas que había visto en la calle tenían una piel blanca enfermiza, y este chico parecía que era la excepción. Que típico, ¿no?
–Si te fijas bien en mi semántica, he dicho espíritus, no fantasmas –indicó el joven con el dedo índice levantado.
– ¿Y qué diferencia hay si se puede saber? –Silence imitaba su voz a modo de burla. Pero eso  no parecía importarle mucho al chico.
–Fácil, un fantasma no existe y los espíritus sí. Soy René–dijo levantándose y continuó–, brujo Pielazul de decimo cuarta generación. ¿Y tú eres...?
Silence se le había quedado mirando. Sus ojos grises parecían más claros con solo la luz de las velas.
–Ah, y-yo soy Silence, he llegado esta mañana. Estoy en la habitación noventa y seis con...
– ¿Ya me estás dando tu dirección? ¡Vaya! Realmente lo he hecho bien. –dijo René. Esto hizo que las mejillas de Silence se pusieran rojas escarlata, pero ella fue más rápida.
–Si te fijas en mi semántica...–dijo recordando lo que él había dicho antes– ya tengo compañera de habitación.
–Bueno, eso no implica en que no pueda ir, ¿no? ¿Qué haces aquí?, es muy tarde y si eres la nueva probablemente mañana tengas que ver todo el recorrido del Liceo, aprender tus horarios y conocer a tus compañeros de clase. Necesitas descansar.
–Al parecer, el tercer punto lo estoy cumpliendo. Silence no podía creer lo que estaba haciendo. ¿Coqueteando? Posiblemente su madre estaría sola en Boston perseguida por esos lunáticos o cosas peores. –Pero bueno, como dices, creo que tendré que ir a dormir –dijo dando media vuelta. El chico aun no había podido contestar y Silence ya estaba saliendo por la puerta.
– ¡Trece! –gritó René desde la otra punta, arriesgándose a despertar a los supervisores.
– ¿Qué? –contestó Silence con el mismo tono de voz, y entreabriendo un poco más la puerta.
–Es el número de mi habitación. –dijo sonriendo.

Silence agitó su cabeza y dibujó una sonrisa. Realmente le estaba agradando estar allí.





Capítulo tercero.

Angelina caminaba muy deprisa y Silence apenas podía seguirle el paso.
– ¿Vamos a tardar mucho? –preguntó Silence.
–Solo unas calles más, ya te acostumbrarás a las calles de adoquines. No te preocupes, las brujas apenas llevamos tacones. Silence esbozó una sonrisa. ¡Claro, iban volando con la escoba! –Y no, no tenemos escoba, si es en lo que estás pensando. Silence se puso muy recta con la cara concentrada al frente. ¿Le había leído el pensamiento? Posiblemente, era una bruja como ella. ¿O ella no era una bruja?
Angelina se detuvo y miro a la chica.
–Aquí es. El Liceo de Saint Claire, espero que te guste tu compañera de habitación. Elegimos a la menos salvaje. –terminó y Silence no pudo evitar soltar un pequeño gritito ahogado y rezó para que la mujer no la hubiera escuchado.
El edificio era como una Iglesia, pero muy distinta de las Iglesias de Boston, pensó Silence. Estaba muy recargada de adornos y rosetones, que realmente quedaban bonitos. Pero había que tener en cuenta de que aquello no era una Iglesia sino un Colegio. El letrero de roca viva decoraba la entrada con las letras <<Bienvenue au lycée de Saint Claire>>.
– ¿Estás nerviosa? –preguntó Angelina.
– ¿Se puede estar de otra manera?
La mujer le sonrió y ambas pasaron dentro. Allí, una joven con una camisa blanca, una falta blanca por encima de las rodillas y unos calcetines blancos, las esperaban. Solo sus zapatos eran negros y adornaba su cabello rubio, casi blanco, con un moño descuidado.
–Ella es Francine, Silence. –nos presentó.
La chica tenía la edad de Silence, según había dicho en la presentación. Francine, con un ademán le indicó a Silence las escaleras de piedra de la recepción. No sin antes fijarse en las enormes gárgolas de la cúpula del recibidor.
–Nuestra habitación es la noventa y seis. Ten, cógela. –dijo mientras le entregaba una llave que tenía un llavero con la letra “S”.
– ¿Me estabais esperando? –dijo Silence señalando el llavero.
–Nosotros siempre estamos esperando Lensi. Y si lo dices por el llavero, recuerda que somos brujas, y que ver el futuro es uno de nuestros fuertes. –le guiñó el ojo y abrió la puerta de la habitación con su llave. En la que colgaba una “F”.
La habitación tenía una amplitud aceptable, cada una podía tener su espacio sin molestar a la otra. Un armario enorme se izaba al lado de la cama, que según pensó Silence o Lensi – ¿Lensi? Nadie la ha llamado así nunca–, se hallaba su cama.
– ¿Cuál es tu especialidad Lenss? –dijo Francine.
– ¿Especialidad? ¿Te refieres  a lo que puedo hacer y esas cosas?
–Ajá. –asintió Francine con la cabeza.
–Creo que no tengo nada de especial, aun, sabes... mi madre apenas me contó quién soy y creo que...
–Aún estás es shock ¿verdad?
Algo así  –dijo. Francine, ¿qué especialidad tienes, y cuantos años llevas aquí?
–Hummm, creo que la tele-transportación es uno de mis mejores habilidades y en cuanto a la segunda pregunta... no lo sé. Creo que llevo aquí desde antes de nacer ¿entiendes?
Silence negó y puso cara de preocupación.
–A ver, creo que mis padres estuvieron aquí. Que mi madre estaba embarazada de mí, cuando ella estaba aquí; probablemente no como una alumna sino como una profesora o miembro del Consejo de los Pielazul. ¿Y ahora?
–Creo que sí. ¿Nunca los has conocido?
–No, hubo una quema de brujas en Bélgica. Creo que yo tenía unos meses y el Consejo tenía una reunión muy importante. Mi madre fue allí, es por eso que pienso que sería miembro del Consejo. La voz de Francine iba apagándose a medida que hablaba. El recuerdo de una familia rota también afectaba a Silence, cuando perdió a su padre. –Solo regresaron  3 brujos y una bruja. La bruja era mi madre, pero le habían quemado casi todo el cuerpo–: piernas, brazos y parte de la cara. Angeline me contó esto cuando tuve la edad suficiente para entender.
–Lamento lo de tu familia. Nosotras también perdimos a mi padre. Creo que fue un accidente de coche cuando tenía 5 años. –dijo Silence cabizbaja.
–No te creas nada de lo que te digan Lesie –continuó–, nuestra raza es la más perseguida. Somos las mujeres Pielazul las que poseemos más poder del que cualquiera haya podido imaginar nunca. Los hombres solo contienen una cuarta parte de lo que nosotras tenemos. Estamos en peligro, es por eso por lo que estás aquí. –Silence se sentía mareada, tantas cosas hacían que su cabeza tuviera que procesar muchas cosas a la vez–. Si eres la última bruja Pielazul de América es porque ellos están muy cerca –terminó diciendo Francine.
– ¿Están muy cerca, quienes? –dijo alterada Silence.

–Ellos. Por los que tú estás aquí, y yo y todos los alumnos del Liceo. Silence, apenas somos cien. Los Cienojos vienen a por nosotras.

martes, 10 de septiembre de 2013

Capítulo segundo.

 7 de Abril, en la actualidad, Boston (Logan International Airport)
Marie  cargaba con las bolsas que habían podido recoger de su apartamento. El embarque que esperaban era en la puerta trece y solo quedaban dos puertas para llegar a ella. Había muy poca gente en el aeropuerto a esas horas. Casi las cinco y media de la mañana, Silence no dejaba de dar cabezazos, pues llevaban toda la noche y parte de la madrugada corriendo, hasta llegar a su destino.
Silence llevaba en su mano el billete de embarque para Toulouse, Francia. Ella nunca había salido de Boston; no tenían el suficiente dinero como para permitirse un viaje a Europa o para los otros estados de la Nación.
–¿Lo llevas todo cariño? –dijo Marie entregándole una billetera con una gran suma de dinero.
–¿ De dónde lo has sacado mamá? ­
–Tu padre y yo pensamos que algún día esto podía pasar, así que estábamos preparados.
Silence asintió con la cabeza, haciendo una dura mueca de dolor. El nombrar a su padre hizo que Silence probara la bilis. Era un recuerdo doloroso para ella, pues él ya no estaba, ni estaría.
Una voz aguda y chirriante, resonó por todo el aeropuerto. Su vuelo estaba listo.
–¿ Que harás tú, mamá?¿por qué no vienes? –el tono de la niña era doloroso.
–Yo tengo que quedarme tesoro, ellos te quieren a ti, no a mí. Estarás segura  allí. Probablemente te estarán esperando –dijo en un susurro–, pregunta por la señora Courtois; ella te llevará sana y salva al Liceo de Saint Claire; es un colegio especial para chicas y chicos con tu don.
–Mamá, pero todavía no sabemos si... –no terminó la frase, las puertas de embarque se abrieron y Marie abrazó lo más fuerte que pudo a su hija.
–Solo ten cuidado, confía en tí misma y en tus capacidades, sabrás que eres una bruja cuando sea el momento. Te quiero Silence.
–Te quiero, mamá.
Marie observó cómo lo único que le quedaba de su familia desaparecía por las puertas de embarque. Pero era su trabajo protegerla, así se acordó el día de su nacimiento, así se lo prometió a la madre de Silence.


 7 de Abril 14:23 en la actualidad, Aeropuerto de Toulouse –Blagnac
Silence se sentía sola, aunque el aeropuerto estuviera abarrotado de gente que iba y venía sin problema alguno. El intercambio del idioma se hizo un embrollo en su mente y se sentía confusa. No dejaba de mirar hacia un lado y hacia el otro, buscando... ¿qué? no sabía, no tenía ni idea de lo que tenía que buscar, ¿un hombre, quizás? ¿alguien que llevase su nombre escrito en un cartel? Nada de eso, una chica alta y rubia se le acercaba a gran velocidad, como si pudiera volar. Esa chica le recordaba un fantasma, que solo necesita deslizarse para avanzar hacia su objetivo.
–Creo que tú eres Silence Forbes ¿ me equivoco? –dijo alegremente la chica. Era preciosa, con unos ojos atigrados y una tez pálida y refinada; su cuerpo con curvas hacía que Silence sintiese envidia. Ella no era menuda, pero tampoco gran cosa.
–Sí, y usted es...
–Por favor tutéame, soy Angeline Courtois . Soy su tutora, aquí en Toulouse y sobre todo cuando lleguemos al Liceo. ¿Estás nerviosa? – Aquella chica parecía entusiasmada. Como si le gustase realmente su trabajo. Silence pensó que posiblemente así era.
–Cuantos alumnos hay en el...
–¿Liceo de Saint Claire? ­ –Se adelanto Angeline.
Silence asintió.
–Bueno, tal vez unos cien. Ellos van y vienen. Son enviados a hacer trabajos especiales y esas cosas.
–¿ Qué pasará conmigo? Quiero decir, ¿yo qué haré?
–Señorita Forbes, usted es la última bruja Pielazul americana. Estoy segura de que tendrá una buena asignación en el Liceo, y que su trabajo será increíble.
Silence pensó en las últimas palabras de Angeline, ¿la última? Ella no estaba ni siquiera segura de ser bruja. Solo podía tener en mente caerle bien a sus nuevos compañeros de clase.

lunes, 9 de septiembre de 2013

La búsqueda del Cristal Azul. Capítulo primero.

21 de Agosto, 1732, Amberes.

Las gotas de agua caían sobre los dos hombres al lado de la hoguera. Podían apreciarse perfectamente los cuerpos mutilados de mujeres y niñas pequeñas; la caza mayor de brujas iba en aumento y cualquier mujer, ya sea anciana, adulta, adolescente o niña podía ser condenada a la hoguera.

-¿Crees que habremos despistado a los Pielazul, Frederik?
- Es posible, pero no podemos confiarnos, su nueva raza ahora es mas potente y fuerte; si descubren que hemos estado acusando a sus habitantes de brujería... - Frederik no pudo terminar la frase. Ellos estaban arriesgando sus vidas y las de sus familias por evitar que esa nueva raza de brujas y brujos llamados los Pielazul, se extendiese por todos los continentes.
-Será mejor que nos vayamos. -aclaró Andrea.
-Sí, será lo mejor, y recuerda -dijo Frederik nervioso-, no le digas a nadie dónde escondimos el cristal Azul, ¿de acuerdo?
Andrea asintió con la cabeza. Demasiado arriesgado contarle a alguien el paradero del Cristal Azul. Demasiado peligroso, para que sea conocido en todo el mundo.


6 de Abril, Boston, en la Actualidad.

Marie estaba cansada de correr, llevaba  alrededor de media hora dando giros y más giros por las grandes avenidas, rodeando los parques de la ciudad e intentando no resbalarse y evitar que tanto ella como su hija cayeran al suelo por los charcos de las aceras.

Su vestido de lana y las botas de cuero negro tampoco ayudaban a mantener el equilibrio. Cada cinco minutos echaba un vistazo  hacia atrás para comprobar que nadie las seguía; habían abandonado su casa cogiendo lo primero que veían y lo más necesario. La reciente carta había alarmado a Marie y no podía permitirse otra muerte en su familia. Su madre, Jannet había sido la última víctima de los Ciénojos, una asociación de hombres y mujeres preparados para cazar brujas desde vete a saber cuando. Marie no sabía si su hija era portadora del gen de las brujas Pielazul, porque su tía Amalia no lo era, aun así fue asesinada.

-Mamá, ¡para! no puedo correr más.
-Cariño tenemos que continuar, ellos vienen a por nosotras. Vienen a por tí. -casi dijo Marie. Ella no podía permitirse pensar en que alguien quisiera hacerle daño a su única hija.
- Al menos deberías contarme de qué estamos huyendo, ¿no?
- De acuero, pero espera a que estemos en un lugar seguro. - le contestó Marie.

Tras unos quince minutos, pudieron entrar en un pequeño bar escondido entre las calles de la ciudad, para despistar, Marie pidió una cerveza para ella y un zumo de uvas amargas para su hija, su zumo preferido.

-De acuerdo, ahora voy a hablar pequeña, tu turno será en cuanto termine, no tenemos mucho tiempo. -dijo Marie.

La pequeña, que no era tan pequeña, pues había cumplido dieciséis hace dos meses, asintió con la cabeza.

- Cuando tu abuela Jannet era pequeña, su madre le contó que era una bruja, no una bruja normal, sino una bruja Pielazul. Esta raza de brujas es la última sobre la tierra, son capaces de sanar heridas que ya se dan por perdidas, pueden estar sin comer casi unos cien años, sus encantamientos... -hizo una pausa- ...nuestros encantamientos son considerados como los más poderosos, por encima de los brujos del Lago Hermes. Los brujos del Lago Hermes se sitúan en el centro de Grécia, allí dicen que con el agua del Lago Hermes sus conjuros, pociones y encantamientos pueden ser mortales, pero eso dejó de tener validez cuando la raza de los Pielazul surgió. -Sigo sin saber si eres portadora del gen, es posible que no haya más brujas Pielazul, brujos aun quedan muchos, su magia no es tan fuerte como la de las brujas, es por eso que los Ciénojos están matando a nuestra raza ¿entiendes ahora por qué tenemos que irnos?... ¿por qué tienes que irte? - Marie casi no pudo terminar la frase. Ella tenía que proteger a su pequeña y mandarla a Europa sería una buena opción.

-Mamá, -por fín habló la niña-, ¿cuándo sabré si soy una bruja?

Marie miraba a su hija. Ella no parecía asustada por la idea de ser algo fuera de lo normal. Ella había criado a su hija en un ambiente de humanos corrientes, intentando que no sufriese lo mínimo. Su pequeña no había dado signos de magia, pero no tardarían en aparecer.

-Pronto lo sabrás, Silence -dijo Marie- pronto lo sabrás.




                                    Al fin los secretos saldrán a la luz