domingo, 27 de octubre de 2013

Capítulo décimo séptimo

Hola a todos:)
Este capítulo será aclaratorio sobre el pasado de los brujos y sus raíces. Conoceremos (con fotos) a Olaf, a Caroline y a muchísimos más personajes de la historia, sobre todo la infancia de Marie y el resto de su familia. También será una especie de Notas de la Autora, pero ya veréis por qué.
Espero que lo disfrutéis ^^
Xx



20 de Diciembre de 1732, Salem (Massachussets)

Sencele terminó de leer el Libro de las Hadas. Lo pudo recuperar después de la gran quema cerca de su Castillo. Habían perdido a más de la mitad de sus amigos y compañeros.

Abigail Fearençe, bruja Aguamarina y amiga de Sencele, fue una de las enviadas a  la segunda Encomienda en Amberes, junto con su marido. Sencele, debido a su gran poder, fue la única en quedarse en el Castillo cuidando de las siguientes generaciones de brujas y brujos americanos, sobre todo de sus hijos.

Primero nació Edward y después Caroline, ambos con los ojos de su madre; más tarde llegó Marie, que se convirtió en el capricho de su madre, llenándola de mimos y carantoñas. Sencele tampoco podía evita mimar a los hijos de su amiga: Jared y Harold, los primeros gemelos en la nueva generación de brujas Aguamarina. 


(Sencele cuidadando de los 
              niños)



(Sencele con Marie)


-Pensé que no llegaríamos nunca -dijo agotada Abigail a su marido-, los niños están con Sencele, gracias al Cielo.
-Lo sé querida, pero era necesario acudir. Esos traidores no dirán nunca dónde escondieron el Cristal. Por lo menos teníamos que intentarlo. -Giordano también era un Aguamarina, pero podía utilizar hechizos de Pielazul.

La raza Pielazul se consideró la última en el mundo, pero no fue así. Un grupo de Aguamarina sobrevivieron a la primea Encomienda, una batalla entre brujas y Cienojos por la recuperación del Cristal robado, y Abigail y Giordano, al igual que Caleb ySencele, sobrevivieron con edades muy tempranas. 

En el Libro de las Hadas, se descubrió una profecía: los últimos hijos de aquellos que concentraban el mayor poder, serían la solución, la respuesta y la esperanza para la raza de brujos, por eso, Sencele pensó que Marie, su última hija era la salvación para todos, pero ellos no sabían que Marie no sería la última hija de Sencele y Caleb, y que serían dos, y no una, las personas necesarias para la profecía.





(Abigail Fearençe y Giordano Fearençe llegando al Castillo de Caleb y Sencele)

El matrimonio entró al Castillo, estaban exhaustos pero contentos por ver por fin a sus hijos. Abigail los echaba tanto de menos. En ese momento, las puertas se abrieron dejando pasar a Sencele, con cara de preocupación, rápidamente los jóvenes se acercaron a ella, Abigail rozaba la veintena al igual que su marido y su amiga. Ella empezó a hablar.

-No es Marie, Aby, no es ella -le confesó preocupada-, he leído hasta la última línea de ese maldito libro y no dice nada de que sea ella. Su respiración agitada hizo que empezara a llorar y Aby, como buena amiga, la sujetó.

-No tiene por qué decir precisamente su nombre, Sel, no creo que ese libro rebele quién es el enemigo de nuestros enemigos. Es mejor así, y lo sabes, si su nombre es un secreto, mantendremos el silencio -dijo Aby a su amiga, que dejó de llorar-, les haremos creer que Marie es lo que buscan, sin arriesgar su vida. Tranquila.

-No puedo estar tranquila - esta vez miró a Giordano- ¿qué pasaría si fueran Jared o Harold? ¿Estaríais tranquilos? ¿Podríais soportar la idea de que os quieren arrebatar a vuestros hijos para así matarnos a todos? Ellos no son su experimento. Me niego. -terminó negando con la cabeza, y hablando a media voz.

Aby y Giordano fueron acomodados, junto con sus hijos, en una de las cincuenta habitaciones que tenía el Castillo. Esa noche, Selence acostó a Edward y a Caroline en la misma habitación, puso a diez guardias en todo el pasillo para que custodiasen su habitación. Ella, durmió con Marie. La niña solo tenía cinco años y ya era parte de la solución que sus padres necesitaban para salvarlos a todos.



15 de Septiembre de 1820, Toulouse (Francia)

Las puertas de la habitación se abrieron de par en par asustando a Caleb. Sencele se había puesto de parto al igual que Aby, y tanto él como Giordano esperaban en la sala, pero este último se vio más tranquilo.
La matrona entró con un bebé en brazos, era un niño. La sonrisa de Caleb relucía tanto como el sol de esa misma mañana. Su segundo hijo, y posiblemente, él sería la solución.

Unas horas más tarde, la matrona hizo pasar a Giordano. El joven entró y vio a su esposa dormida, por el gran esfuerzo. Detrás de él entraron sus hijos. Ambos habían crecido, pero su aspecto era de chicos de quince años porque para los brujos y las brujas, el tiempo pasaba muy lento y en un momento determinado, el tiempo deja de existir en su vida, para convertirse en eterna.

-¿Dónde está? -le exigió Giordano a la matrona -¿donde está mi hijo?

-Es una niña, señor -la matrona se giró con una pequeña de poco pelo. Aun tenía los ojos cerrados y apenas lloraba, solo pequeñas quejas de una neonata.

Jared la cogió en brazos, ante la atenta mirada de su gemelo y su padre. Los tres sabían ya cómo nombrar a la pequeña.

-Se parece mucho a ella, ¿verdad? -preguntó Giordano.
-Tiene los ojos de Harold -dijo Jared.
-Entonces también tiene los tuyos, estúpido -le contestó Jared.
-¡Callad! --dijo Giordano, haciendo llorar al bebé -, oh mirad lo que me habéis hecho hacer. Volved a vuestra habitación, mañana es la Tercera Encomienda y debemos ir. Todos.
-¿Madre también? -preguntó uno de los gemelos
-Especialmente vuestra madre -dijo rotundamente, y les cerró la puerta.
(Jared y Harold)


Dos años después, Abigail dio a luz a otros gemelos. Sencele nunca los vio al igual que a su último hijo.
Aby, Giordano y sus hijos, murieron en la Quinta Encomienda en 1912, los Cienojos habían roto el acuerdo y prepararon una emboscada en la que solo regresaron cuatro brujos, una de ellas, Abigail, pero no pudo soportar las heridas y falleció. En ese momento, Sencele estaba embarazada y planeaba llevar a cabo el mismo plan que ella y su esposo idearon para sus otros hijos y para los hijos de sus amigos: todos ellos serían entregados a familiares cercanos, para que los criaran como hijos propios, cubriendo así la identidad de los herederos de tal poder que acabaría con los Cienojos de una vez.
(traición de los Cienojos y quema de las brujos y brujos Aguamarina y Pielazul)

Caroline Valois con 20 años 

Olaf Valois con 25 años

Marie con 17 años

Edward con 20 años

El libro fue escondido ¿Dónde? solo Sencele y Caleb lo saben. Tras la muerte de sus amigos, las Encomiendas fueron canceladas y dejaron de tratar con los Cienojos. Los acuerdos de paz se rompieron y la alerta roja se elevó al máximo nivel. Miles de hechizos fueron puestos en el cielo encubriendo la identidad de sus hijos, y tutores se encargaban ahora de cuidar a las siguientes generaciones de brujos y brujas. Los Aguamarinas fueron descendiendo en número hasta creerse extinguidos.


27 de Noviembre de 2013, en la Actualidad (Palacio de Saint Claire, París)


Solo se necesitaba saber a qué puerta entrar para descubrir dónde está escondido el libro y a veces la llave para abrirla solo está en los sueños. Sencele visita todas las noches la mente de su última hija, Silence, haciéndole recordar parte del pasado, episodios que ella nunca llegó a vivir, conociendo a gente prácticamente inexistente en su vida y que ahora se estaban convirtiendo en pequeñas piezas del puzzle de su vida. 
El Arco de Triunfo, susurró alguien en la mente de Silence.

-¿Has escuchado eso, Alden? -Silence zarandeaba el brazo del chico que dormía a su lado. Ambos estaban en la cama de Silence, casi abrazados, se habían quedado dormidos después de la larga sesión de besos y muestras de cariño. Alden la miró con los ojos adormilados. 

-¿Qué horas es? no, no he escuchado nada Lenss, duermete. -dijo hundiendo nuevamente la cabeza con el cojín.

-Su voz me sonaba, y he soñado algo muy extraño.

-Solo era una pesadilla, duérmete- Alden se giró y la rodeó con sus brazos.

-No, no era una pesadilla. -susurró. Es parte de mi vida, quiso decir.






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