Silence sabía que alrededor de unos cinco minutos, la
sirvienta de la planta trece iría hacia su habitación, golpearía a porrazo
limpio la puerta y se iría a por las demás habitaciones del pasillo. Decidió
levantarse, sin despertar a Alden que dormía acurrucado bajo las sábanas.
Hoy era el día de la representación de ballet. Laia les
había dicho a ella y a René, que los necesitaría para hacer una cosa, pero no
les dijo el qué.
La mañana era algo fría y áspera, la escarcha se había
apoderado de los ventanales y Lens decidió correr las cortinas para evitar que
entrara más frío a la habitación. Al parecer la calefacción era muy baja, pero
se podía ir descalza. Lens se puso su habitual uniforme, pero escuchó un
estruendoso sonido en el baño de la habitación. Recogió como pudo su pelo en
una cinta verde, y con pavor, se acercó a la puerta del baño.
–¡Lennsie! –dijo una voz conocida.
–¡Dios mío Francine, me has asustado! ¿Qué haces aquí? ¿No deberías
estar en el Liceo?
Las dos amigas se abrazaron cariñosamente. Hacía bastante
tiempo que no se veían y Lens había dejado el Liceo bajo una amenaza de los
Cienojos. Realmente Lens pensó que jamás volvería a ver a su amiga.
–Me ha enviado Angelina, y como soy la única que controla
bien la teletransportación...
–Entiendo... –dijo Silence frunciendo el ceño con una mueca
graciosa. –Ven, pasa. Las dos entran a la habitación de Silence que estaba más
templada que el baño.
–Lennsie, no quiero asustarte, pero... tienes a alguien en
tu cama, ¿lo sabías?
–Humm...
–¡Silence Forbes! ¿Has vuelto a meter a un chico en tu cama?
–¡Shhhhhh!
Alden se había despertado y asomaba su cabeza despeinada de
entre las sábanas.
–¡Buenos días! –dijo burlonamente, Francine, que recibió un
codazo de Lens, la cual se había puesto roja. –¿No nos vas a presentar?
Tras la mayor mirada de asesinato por parte de Lens, ella
los presentó.
–Has dicho que te manda Angelina ¿Qué ha pasado Frankie?
–preguntó Lens.
–Al parecer han descubierto dónde está el libro de las
Hadas, y vuestra nueva tutora también lo sabe, pero creo que no se os ha
informado. Angelina sabe lo de la representación de esta noche y quiere que
René y tú vayáis a por el Libro.
–¿Por qué Laia os ha ocultado eso? –preguntó Alden.
–No lo sé, pero ella quería que esta noche René y yo estuviéramos
atentos a algo.
–¿Atentos a qué? –dijo Francine.
–No lo sé, acabo de decir que no sé qué quiere exactamente
Laia.
–Tranquila, lo averiguaremos. –dijo Frankie.
La misma noche de la función...
Las voces a fuera resonaban por las paredes, habían asistido
cientos de personas, que seguramente, una gran parte de ellos eran brujos, la
otra mitad serían humanos corrientes que conocían a la familia Valois y estaban
invitados.
Los últimos retoques de maquillaje sobre la nariz, y un toque de delineador dorado en los párpados. Trajes y música lista, todos listos y los nervios también listos.
El telón sube y empieza la función.
Virgine encabeza la fila de bailarinas que avanzan
ligeramente hacia el escenario, los chicos las imitan detrás de ellas. La
música suena y la representación empieza a tomar forma: brazos y piernas al
compás, pareja con pareja todos al mismo rítmo. Alden los mira entre
bambalinas, mientras que James, la
pareja de Lens, la sujeta por la cintura y en conjunto, las chicas son
elevadas. Sarah avanza al centro del escenario y corona la primera función con una fantástica improvisación
La primera función termina y los bailarines abandonan el escenario entre aplausos del público que vitorea. Laia se acerca a René, y le dice una cosa al oído, éste se acerca a Lense y le dice entre susurros <<Tenemos que irnos>>.
–¿Qué ocurre? –pregunta ella asustada.
–Tenemos que cumplir la misión. Vamos cámbiate. Silence negó
con la cabeza.
–No me voy a ninguna parte si no me dices a dónde vamos.
–Vístete, Lennsie.







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